viernes, junio 19, 2009

lunes, junio 15, 2009

Cuando mezclo las cosas



Mezclo las cosas,
cepillo mis dientes y a la vez me hago el nudo de la corbata
tomo el volante y fumo y hablo por teléfono
y canto
y me peleo con el mundo y esquivo embestidas
y miro andares de reojo
como no queriendo,
escribo novelas y las pierdo, y fumo
pinto cuadros mientras construyo
como y a la vez cocino y cuando todo está listo
vuelvo a comer,
vierto agua mineral y whiskey y a veces jugo
me aniquilo y entristezco
lloro, y a veces, maravillosamente
sucede que a la par
al mismo tiempo fumo.

Te quiero cuando te quiero.

Y separo al mundo cuando te pienso
como caja de mil sorpresas y una sola maravilla
te miro de reojo

y me mezclo contigo

y me muero.

jueves, junio 04, 2009



.la escuela por las noches es como una feria en escala de grises.
extrañamente digerible.

martes, junio 02, 2009

El mundo en mi pecho

Hay eternidades nebulosas, enmarcadas con ecos y espinas. Y si acaso una garganta existiera en esos confines y lanzara un estruendo de auxilio, se podría ver el vaho salir y cubrirse de frío; esa soledad alcanzada por estrellas milenarias y astros recién nacidos. Esa quietud que solo una garganta puede romper con un solo suspiro. Ese avasallador segundo que vive el cuerpo, inundado de impulsos, el alma quebrante y lista para gritar.

Hay infinitos despejados, con lluvias intermitentes que suceden cuando la luz naranja cubre toda forma y toda extensión. Incluso, esa luz curiosa busca incansable en rincones y profundidades. Se asoma. Y si acaso unas manos se levantaran frente a esos paisajes e imitaran a una vasija, de a gotas, una a una juntarían una tormenta entre los dedos. Ese poder que adquiere el cuerpo, inundado de gotas, la piel permeable y lista para beber.

Pero sucede, a veces, que una garganta ya no puede más; y los impulsos se van filtrando como electricidad o delirio, que mas da. Y sucede, a veces, que las manos beben de mas; gotas y mareos de felicidad. Y prefieren dar en vez de nadar. Es ahí, cuando el eco de la voz y unas manos llenas de lluvia deciden ser luna y sol, viento y marea.

Es ahí cuando el grito deja de ser grito para convertirse en suspiro. Un suspiro solitario vagando entre la niebla de las eternidades. Y es ahí cuando las manos comienzan a gotear letras, ríos de escritura.

Enunciados y líneas interminables que serían plasmadas en roca pura, mármol puro, oro puro. Sentencias del alma y cárceles donde los planetas no giran sino rebotan. Onduladas gaseosas de colores enardecidos animando noche a noche, día a día, esas eternidades e infinitos despejados. Y madera. Esos escritos serían grabados por unas manos imaginarias en lo más ligero posible, lo más liviano y llevadero por el más pequeño de los vientos; una hoja. Y de centenas de troncos muertos nacerían las hojas. Ligeras e ingenuas como suspiros. Y de millones de gotas caídas nacerían poemas. Universos luchando contra una pequeña frase, como esas frases escritas en contra del olvido.

Y si hubiera paisajes con tan grandiosos lamentos, tan pudorosos bosques de alivio, con tantos castillos; si hubiera enigmas y sensaciones tales, cielos y pantanos rozándose con tanta naturalidad, con tanta chispa volando por doquier.... si hubiera voces silentes y suspiros comunales, gigantes y enanos, pájaros y delfines, susurros y verdades; si existieran ese tipo de eternidades sería exclusivamente en la mirada. Si hubiera manos capaces de escribir de esa manera sería aquí, entre nosotros, sobre la tierra.

Porque aquí he visto reunidos a los mares, y a los pedazos de tierra burlarse entre si, como piezas de rompecabezas y jugar a continentes. Esas parcelas o escampadas que, precisamente, contienen a los ríos y guerras, a sus soldados heridos de bala o de alas cortadas por ellas.... aquí he visto a los humanos suspirar y alzar las manos a la lluvia sin poder contener ni el aliento ni la vida.

Cuando dicen grande, inmediatamente piensan en el mar. Abominable y poderoso. Gigante. Pero cuando se refieren al mar más pequeño, al mínimo pero incansable, ineludiblemente pienso en llorar. Para mi, el más grande mar viene del alma.

Y lo podemos depositar en nuestras manos, de a poquito en poquito, en forma de gotas. O lágrimas de amar, en hojas. Porque si existiera eso, entonces sería aquí.

Aquí es el único sitio en que se puede encontrar todo eso y más. Y mejor aún:

reunido en un solo universo
proveniente de una sola mirada
naciente de un solo beso

el amor que sube al cielo como suspiro
y que regresa urgente,
cayendo en las manos,
en el suelo,
en las hojas.

aquí yo conocí a una mujer hermosa
que tenía mas lágrimas que guerras
y más paces que paraísos

ella medía seis hojas y un cachito
del pie a la mente

y medía infinitos entre cada pierna

y escribía poemas como galaxias

y de la nada ella tocó mi puerta

y en mi eternidad vive pasajera

la esencia de su risa

el eco de su voz.