miércoles, diciembre 30, 2009

Carta para la mujer de mi amor

O –el amor- de mi mujer: (aunque no seas mía)

O talvez deba decir... la mujer de mi todo.

O carta para quien sin aspavientos ni tirones de convencimiento, sin rezagos de ideas, con imprevistos y tardanzas, al aire libre e imaginando techo, sin mariposas de ojos (porque no lo has hecho) (pero sé que lo harás) (y lo espero) ni aderezos en los labios ni vaivenes de caderas (por qué no?) sin verdaderos candados ni verdaderos hechizos, al compás suyo y de nadie más, ingenuamente e insensatamente, locamente y desmesuradamente, sin promesas en serio y con promesas eternas, arrebatadamente, bruscamente, silenciosamente, dulcemente, ardiente e inteligentemente, a la deriva de todo, como nieve nevando sobre lo tibio, completamente, me ha enamorado:

Ayer quería decirte varias cosas pero estaba tan cansado que preferí dormirme pensando en ti; en estos días de luna no sé qué y soles a medias. Hoy, estoy igual o más cansado y en todo el día no quise decirte nada, pero ya ves, en estos días de lunas que parecen todas llenas y soles que de veras y ráfagas que pasan a kilómetros, pues hoy, de último minuto quiero decirte todo. (en cada último minuto sé que me dejarías dormir) pero ya me conoces, a ti siempre quiero decirte algo, o escribirte algo o pensarte algo o quererte algo o morderte algo (por qué no otra vez?) aunque sea en últimos minutos del día.

También sabes que estás en los primeros. Estás en los primeros, en los medios, en los últimos minutos del día. Creo que soy tuyo todo el tiempo.

(Crees que los soldados de antes o de ahora, en estos tiempos, vamos, le escriban, así, de esta manera a sus mujeres?)



Me gustaría estar en la guerra para escribirte así, o como fuera, pero escribirte a ti. En los primeros minutos del día, de buena manera. O de mala, en mis últimos. Una última carta. O tratado de sentimientos y distancias. O tratar de hacer más grande lo que siento y más corta la distancia.

Una carta. Tan solo una carta para mi amor.

Siento que tu estás en la guerra y yo en la guerra. Y entre cañones y silbatos y tanques y minas y fusiles, que no nos encontramos.

Que en esos silencios de paz que sólo existen después de un estruendo, aprovechamos y nos escribimos.

Hoy me dijeron algo muy emocionante. Pero, ni qué festejar, no me sentí menos solo. Me sentí más soldado, por ahí perdido.

Yo pido tu amor desde los aviones. Desde los tanques rodando. Desde los puestos de arranque. Las trincheras. Los acorazados. Desde los campos. Desde los árboles. Desde la playa. Desde los mares. De igual manera como si fuera carpintero. O poeta. O cartero.

Si yo fuera carta, te llevaría al cartero más loco, enamorado y perdido.

Si yo fuera soldado, tu serías la viuda de mis olvidos.

jueves, diciembre 10, 2009

uno no debe esperar el momento oportuno
mejor decir 'me gustas' justo cuando salga el sol o se caiga
o gire o ruede
'me gustas tanto como dormir'
o pasear en bote
'me gustas tanto como el mar'
o el chocolate